Si una catedral gótica es una de las máximas expresiones espirituales de la época en que fueron concebidas, si en el ámbito constructivo es una de las máximas aventuras técnicas de la época en que fueron diseñadas, en el ámbito laboral es una de las máximas empresas logísticas de la época en que fueron construidas. La distribución laboral y horaria podía parecerse a la de una gran explotación rural de antaño. Tenían su turno, trabajadores como caldereros, cordeleros, yeseros, pelaires, albañiles, carpinteros, herreros, tejedores, serradores, torneros, faroleros, caldereros, cortadores de piedra, arrieros. Unos trabajaban en la obra, otros en las canteras, otros transportaban con bestias de carga por tierra y en barcos por el mar el material extraído hasta pie de obra. También había que pagar gente que organizaba las colectas o los gastos o cuidaba del interior de la parte construida: el domer (el responsable o «semanero»), el preboste, el colector, el archivero, el custos o custodio, el questor de part forana (colector fuera de Palma). Recibía alimentos, pero no nómina, Jacme, un cautivo que cuidaba de materiales y herramientas, y como él trabajaban algunos otros esclavos reales. La jornada más habitual de la época era de sol a sol, con un descanso a mediodía. Se compraban herramientas, como azadones, grúas, taladros; también productos, como yeso, cal, cuerdas de esparto. Se pagaba a los propietarios de las canteras. Se hacían regalos a los trabajadores voluntarios: capones y gallinas por Navidad, cabrito por Pascua, cirios por la Candelaria.
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