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Según los toques, la comunicación que se transmitía era diferente. Los toques tenían finalidades distintas, según el dicho: Vives voco, mortuos plango, fulgura frango (llamo a los vivos, lloro a los muertos, rompo los rayos). Todo campanario tiene una dimensión visual, otorgada por su altura, y que da fisonomía a las villas, a las parroquias y a los conventos, y una función auditiva, otorgada por sus funciones sociales, algunas de ellas de carácter civil, como el anuncio de invasiones o de incendios. Las principales funciones religiosas de la Catedral fueron o bien horarias, como los toques de maitines al salir el sol e inicio de los trabajos, del ángelus a mediodía, y de avemarías a puesta de sol, o bien de situación de los miembros de la comunidad, como los toques de albat cuando moría un niño, el de agonía o el de muerte. Las formas de tocar en las festividades podían y pueden ser el repique (la campana está quieta y solo se mueve el badajo), el bandeo (la campana se mueve girando sobre el eje) y el volteo (la campana da la vuelta completa). La salida del celebrante de la misa se anuncia con el toque de campana de la sacristía. El Jueves Santo y en la Vigilia Pascual, a la hora de entonar el Gloria, los monaguillos hacen girar un círculo de campanas plateadas.