A un lado está la comunicación de la vieja política vehiculada en los medios tradicionales, y que hoy se caracteriza por: 1) el ataque inmisericorde al adversario, quien no piensa igual es pieza a abatir, y tanto tiempo dedicado a criticar al otro impide dedicar tiempo a la autocrítica, 2) la sobreactuación de la burla, no sólo se ataca, sino que se humilla, y la voluntad de humillación descarta la educación y el respeto.
En el otro extremo, la de la nueva política vehiculada en las nuevas redes sociales que se caracteriza por: 1) la brevedad, modelo twitter, y en tal brevedad no hay lugar para más sustancia, y ya que la sustancia es poca hay que condimentarla con sal y chiste, 2) lo efímero, nada dura ni debe de durar más allá de lo que dura un soplo, todo whatsapp grita ser reemplazado rápidamente por otro, no hay lugar para matices.
Y tú, ni sigues a los viejos políticos porque en sus declaraciones largas con ideología no te han aportado nada, ni sigues a los jóvenes políticos porque en sus declaraciones breves con postureo tampoco te han aportado nada. Y en el medio de políticas ambas, hallas vacío, no virtud.

