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Háblame del cielo

10/09/2025

Requirió mi presencia. Acudí presto, fue a las cinco de la tarde del pasado día cinco. La encontré, en Establiments, físicamente fatal, psíquicamente sosegada. Amparo era su nombre. Murió el lunes. ¿Por qué le urgía mi visita? Se cumplía el plazo que le había dictaminado el médico que le atendía el cáncer.

“Háblame del cielo” fueron sus primeras palabras. Resistió bien la hora que duró la visita, y en el transcurso volvió a solicitarme lo mismo con las mismas palabras, “háblame del cielo”. Me sorprendió la insistencia. En enero, la conversación había versado sobre otro tema, ella me habló mucho de su sufrimiento, de su enfermedad, de sus temores. A dos días de la defunción, le cautivaba más su futuro que su presente, como si estuviera más interesada en lo que le aguardaba que en lo que le atenazaba. Anoté cómo queda subrayada una sonrisa en un rostro que anuncia su muerte. Hablamos de cielo. Regresando a casa, recordé el deseo formulado por Goethe antes de morir: “Luz, más luz”. Cercanos quedan cielo y luz. Intuí que no distaban mucho entre sí los deseos del famoso escritor y de la religiosa trabajadora en Son Banya y en tierras de misión.

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