La cultura vigente nos ha colado por el cuerpo, calándonos hasta la médula, una lógica férrea, aplastante. Nuestra cabeza está atraída por una especie de silogismo en espiral, una argumentación encadenada de frases y de consignas, cada una de ellas bellísima y atractiva.
Alguien ha puesto nombre a esta espiral y yo voy a expresarla así: “El que más puede, más vale. El que más vale, más triunfa. El que más triunfa, más tiene. El que más tiene, más aparece. El que más aparece, más fama posee. El que más fama posee, más dinero ingresa. Quien más dinero ingresa, más feliz es”. Y esto lo venimos afirmando por activa y pasiva. La mayoría de la gente pensamos así y estamos atrapados en esta mentalidad.
De la feroz “posesión” de los demonios hemos pasado a la dulce “atracción” de las sirenas, y por esto se suele recurrir al simbolismo de Ítaca en la Odisea de Homero. Los poseídos de antaño iban como locos retorciéndose y gritando. Los atraídos de hogaño vamos como locos, reducidos a juguetes de una competitividad inmisericorde. Muchas sirenas ejercen su oficio con cantos que embelesan. ¿Dónde estará el mástil al que se ató Ulises para resistir?

